"VIVIR ES UNA PUTADA" -Relato breve por Haydée Nora Gómez Hernando-

"VIVIR ES UNA PUTADA" 

Relato breve por Haydée Nora Gómez Hernando


"VIVIR ES UNA PUTADA"

1.

Me llamo Rufo. Existo. Tengo sesenta años y soy un hombre  ya ahora manipulado por los que me intentan convencer de que "la vida es bella", como reza el título de la película aquella del italiano aquel que nos intentaba mostrar que la vida es bella. ¿La vida? No. Yo pienso que lo bello es vida; y no hay belleza en esta existencia mía, ni en la existencia, que nos tapa la oscuridad con luz, y ¡la oscuridad sí que es bella! La oscuridad de una noche sin sueños, la oscuridad sincera más que el oropel -falso brillo o adorno- que es mi vida. No haber nacido es lo bello. Lo cómodo. Lo in-concreto, lo que no decepciona.

Enamorado como estuve de Amalia, cuando le pedí que se casara conmigo me enteré de que ya estaba casada.
Comprada como ya estaba la casa, se me quemó.
En el trabajo hicieron reducción de plantilla y a mí me echaron el primero porque no daba el perfil. Me operé la nariz.
Gané un décimo y lo perdí.
Presté un libro a mi amigo Lucas y Lucas murió; encima tuve que pagar yo el entierro. Aquel día era un día de lluvia, de mucha lluvia, arreciaba el viento. Me tuve que agarrar a la caja para no salir volando. Y en esos momentos yo pensaba, cogido a la caja, ¿cómo coño acababa el libro...?


Soñé un sueño y lo olvidé.

En fin, vivir es una putada.


Porque si no hubiera nacido, ni me hubiera enamorado de una casada, ni hubiera perdido la casa, ni hubiera seguido pobre toda mi puta vida, ni habría perdido el libro, y habría vivido un sueño. 
Porque al nacer, la vida nos obliga. Nos obliga a ejercer de vivos; y es injusto no nacer de puro desearlo, como dijo Salinas.
Nacer es traspasar la puerta de la inconsciencia. No traspasar esa puerta sí es estar por encima del bien y del mal, o por debajo. 
Como un sueño si sueños es el Universo, y yo preferiría haber estado siempre en estado latente, antes del Big Bang.


El gimnasio no me funcionó: ni me adelgacé y encima tuve que estar de baja medio año porque se me cayó una pesa de treinta y cinco quilos en el pie y Amalia empezó a decirme que follaba peor porque ya no me movía tan bien por culpa de mi pierna resentida, y que "ya no la llevaba al orgasmo", cuando sé que siempre los había fingido. En fin, vivir es una putada.

El yoga no me quitó el estrés porque, sencillamente, era una empresa fantasma. Más estrés. Es cuatro.
Mi profesora de japonés se enamoró de mí y me aprobaba por eso. No aprendí japonés.


Colaboraba clandestinamente contra el franquismo, y por miedo -ese miedo que inculca la vida-, un camarada mío quemó todos los panfletos que guardábamos en un cuartucho alquilado. Mi primera, única y última novela se quemaron con ellos; y, cuando entre los barrotes de la celda nos dábamos ánimos -"¡camaradas!"-, yo no me podía sacar de la cabeza mi novela ya esfumada, mientras me hacían callar los guardias por soñar en voz alta cuando las pesadillas me perseguían -me seguían-. ¿Las pesadillas? No, la vida. Vivir es una putada.


Me animan los que piensan que estoy deprimido. Los que se auto-convencen de ello. ¡Yo no quiero morir! Yo, sencilla y llanamente, quisiera no haber nacido. No aún. Antes, quizás, no sé -¡que me dejen en paz!-; pero por decisión propia y sin los acontecimientos que me han hecho infeliz y odiar la vida; no estar deprimido, como ellos pretenden.
¡Sin acontecimientos es un sueño sin sueños y qué bien te despiertas después de ellos! Pues es justo eso lo que echo de menos: la paz del no saber nada de nadie, ni del libro, ni de Amalia, ni de la cárcel, ni del idioma que quise aprender ni de mí mismo, porque, al fin y al cabo, todos somos lo mismo, lo mismo repetido.


2.

Esta mañana he intentado dejar de fumar, tras salir del psicólogo. Llevaba dos minutos siendo no fumador cuando, bajando por la Avenida Virgen de Montserrat, recién bañada por los que no saben si luego el Sol les va a ayudar a secar esa pendiente de veinticinco grados que tiene la Avenida, he visto resbalar a una mujer. Ha muerto. Se ve que tenía setenta y siete años, y no sé si ha habido conexión entre su cráneo abierto y su débil corazón. Me he fumado tres paquetes en una hora. Y ahora me duele la cabeza, y mi vecina Alicia me ha aconsejado, en el ascensor, que deje de fumar porque la nicotina impide que llegue el riego sanguíneo al cerebro con la velocidad apropiada. Pero la nicotina me ha convencido más. Pues el regar de un suelo y el no secarlo después produce un resbalar involuntario que no puedes denunciar a Tabacalera española ni a Philips Morris.


Mi bastón se ha roto, y me temo que no compraré otro porque prefiero andar a la pata coja. Como un pirata.
Ayer me compré unas gafas y ahora soy la viva imagen de Groucho Marx. Y me he quedado afónico, como Harpo, de tanto cantar mientras aporreo mi piano, como Chicco. Yo soy el cuarto Marx, compendio del vivir anclado a unas gafas, a una mudez, a una veloz ansiedad por conciliar y a una muerte accidental e involuntaria. Esa es la injusticia, la maldad, que nadie ni nada han cometido: el no saber que el morir, inevitable, tras nacer, es menos voluntario que existir.


El daño que me han hecho ha sido insoportable, y ahora pago yo el precio de sus errores, metido en un círculo sin saber cómo salir de él. Una espiral de preguntas sin respuesta, pues Lucas nunca podrá decirme cómo acababa el libro; nunca recordaré la única frase genial de mi novela; ya está enterrado el recuerdo de Amalia; no sé más que un haiku en japonés; nunca me quedará París; porque todos se autoengañan y se econden en el refugio del deseo, en el refugio del recuerdo, en el refugio del fetiche, en el refugio del bastón. En el refugio. Soy un pirata. Soy un pirata ciego que no recuerda nada. En fin, vivir es una putada.


3.

He llamado a Luz y se ha puesto. Me sudaban las manos, me tiritaban los pantalones, y al final le he dicho: "hola, ¿cómo estás?", y con su dulce voz de enamorada me ha contestado: "Mejor sin ti, porque tú me recuerdas a mí." Me he afeitado la barba.
He quedado a las cinco con Gabriel y no me ha reconocido sin barba. Ni yo a él, porque él se la ha dejado crecer. Me he preocupado porque si tú no te das cuenta de lo que vale, el mundo es una tontería, vamos dejando que se escape lo que más queríamos... ¡Ay, Kiko, dame tu veneno, que quiero olvidar!
Olvidar a Gabriel, olvidar a Luz, recordar a Lucas, mentir a mi vecina. Fumarme un chino. Irme a Japón, Volverme francés. Ser maricón.


Sandra no quería el hijo del que no estaba embarazada. Lo abortó en mí. Y sí, fue libre, pero yo no era ni soy gratuito. Aquel sexo futtivo me recordó a Rufina, quien siempre me daba vida y me la quitaba, quien me daba ilusión sin pedir nada, pero que al final, como todas y todos, se tornó egoísta y pensó que yo la perseguía; y me dijo que la agobiaba, que era un estorbo en su vida.
Me estorban ahora todas las caricias cuando son moneda de cambio de la propia vida. 
En fin, vivir es una putada.


Me ha llamado Luz y me ha pedido que no la llame más, porque le pesa la vida -vivir es una putada-, porque ya está cansada de aguantar tanto peso; el peso de su propio peso obeso por culpa de falta de cariño y de besos sinceros; por culpa de las pesadillas que de tanto que pesan han engordado su cuerpo y adelgazado su alma. Su alma de luz que se apaga, que se tiñe de oscuridad mientras ella se engorda; mientras no duerme en calma. Pero yo estoy igual. Vivir es una putada. Y, de todas formas, así lo prefiero, porque si muero es porque hubo vida en mí, que se la lleva el viento hasta la calle Mayo, donde germinan flores de esperanza para que no nazcan más niños sino que paran. Que ellos, los niños, sean los padres, que no haya perro que ladre de miedo,porque sus "guau-guau" -como dicen los niños- hablan más, dicen más, que todas mis palabras, que todas vuestras palabras.


4.

He cogido un taxi y el taxista me ha atracado.
He comprado un disco y la alarma ha sonado por doquier he pasado.
He robado un disco y me han pillado.
He tenido sed y con el agua de la fuente me habría podido hacer espaguetis al dente.
He entrado a un Mc'Donalds y a la salida he vomitado tras comer tres "Mc ¿Qué? guesas" 
Pero me he encontrado con un pobre por la calle que me ha contado su vida, y me ha dicho que no podía ni comer, y me he sentado a su lado. He pasado toda la tarde con él, y me he hecho más rico.
Se llama Meter Pan, se conforma con poco, pero pide mucho a cambio: Honestidad. ¿Sinceridad, tal vez? Transparencia. Que le devuelvan eso mismo que él da. Y en él ven sólo a un chaval "tirao", sucio, y "¡que se busque curro!" -piensan y dicen de él-; mientras que él sólo busca lo mismo que busco yo: olvidar que el ayer fue mejor. Busca no nacer (¡qué paradoja!). Porque si merecer se merece un cabrón, él no quiere merecer. Quiere ser. Y ahora vive conmigo, y se ha hecho amigo de Campanilla, mi perra, como Gabriel.


Rufina me ha llamado esta mañana para quedar conmigo. Me ha dicho que quiere devolverme los regalos que le hice. Entonces, le he dicho, no es esa la causa de querer verme: tira los putos regalos y punto, que si son "re", son malos. Que si los quieres devolver es que aún están en tu ser. Olvídalos, olvídame, le he dicho. "Quiero volverte a ver", me ha contestado. Yo ya no sé. No me agobies con tu querer. Quizá sería mejor que me volviera a enamorar de ti, pero eso sería ceder a tu necesidad, y me enamora más la soledad. Y Meter Pan. Y Campanilla. Y saber que ya tengo sesenta y que ya estoy más cerca de la puerta, y que por nada me voy a preocupar, ni siquiera a ocupar. Vivir es una putada.


Estoy tumbado en mi cama. Escribo. Escucho música. Leo el periódico. Hago figuras con plastelina.
Un día de estos coleccionaré alguna cosa, porque recopilar es como recordar. Como recuperar del olvido lo que más nos dolió haber perdido. Pero quiero olvidarme de esta idea, que me recuerda que tengo una colección de sellos que he olvidado dónde guardé hace años. Tenía un sello de Calderón de la barca que me decía ¿Qué es la vida?, un frenesí, ¿qué es la vida?, una ilusión..."  No recuerdo cómo acababa el verso, mas los sueños, sueños son. Y hoy he tomado más somníferos para olvidar que la vida no es el sueño que soñé al nacer, al despertar mi conciencia, al por fin Ser: sencillamente poseo verdaderamente lo que no pude tener, lo que perdí, lo que olvidé, lo que supe y que me hizo tal como soy. Odio un poco a la vida porque la vida me odia a mí. ¿Cómo no odiar? ¿No decir no? Si todo el brillar del sol es sólo apreciado por Solmanía, todas las canciones de Luz quieren ser, pero yo ya no puedo ni querer ser, porque quiero, me afirmo, en la muerte a la que me ha llevado mi vida.


Pinté un cuadro: una naturaleza muerta. 
Me hice la cama y la deshice porque estaba cansado y aburrido.
Meter Pan toca la flauta para recordarse que está vivo, pero, me pregunto yo, ¿algo así hay que recordárselo a uno mismo? Nos han robado el derecho a vivir, y los antidepresivos que me ha recetado mi psiquiatra se los he enviado al Hospital Clínico, a ver si leen el prospecto de mi roto corazón.


5.

Hoy Gabriel me ha visitado. Mientras le hablo, toma apuntes. Hace trampas. Es el latido vivo que me quiere implantar, pero es hermoso verle sonreír y ver lo mal que le sienta esa barba de marinero que bucea por sus aguas soñadas...
Mientras Gabriel juega con Campanilla, ha llamado mi ex profesora de japonés. Me ha dedicado el haiku:

En silencio me dijiste
Todo lo que quería
Escuchar

Pero yo a ella nunca la entendí nada, porque ¡ella pronunciaba en japonés! y ¡nunca tuvo en cuenta que lo que yo quería era, precisamente, aprender japonés, no su bella alabanza de mujer...! En fin, vivir es una putada.


Le he mostrado mi álbum de fotos a Gabriel, y he visto a Lucas. Y he llorado. ¡Malditas lágrimas! Ellas son hijas de la muerte, no de la vida; ellas son fruto de la vida que nos llena de muerte todas las posibilidades, todas las salidas. Por eso quiero entrar en esta apacible soledad de mi odio a la vida, porque es odio a los seres que me la han convertido en basura.
Me cierro en banda a Gabriel, de pronto, porque charlando mucho decimos poco. Porque en mi sueño no entra él ni yo en el suyo.

He cambiado. He adelgazado ocho quilos mientras mi vecina me hablaba por teléfono del poder curativo de Dios. Luz pasó esta semana por casa y me robó el bebé de juguete al que daba de mamar, jugando, Sandra. Meter Pan se ha bebido mi cerveza. Y me ha subido a mí. Estoy muerto y se llevan mis despojos antes de mi funeral. Les agradezco el gesto, pero aborrezco el mundo que me dio la esperanza y me robó la libertad.


Mañana iré a la playa. Volveré a ver el mar, el mar que no es mío, que no es tuyo, cuyas olas aparecen y desaparecen, que vienen y van, empeñándose, libres, a convencerme, astutas naturalmente, de que son la cuna que mece los sueños de las almas de la infancia, de la pureza, de la posibilidad aún no quebrada. Caminaré por la arena hasta llegar a la mojada orilla que es la puerta de entrada a esa riqueza infinita de lo eterno. A él me voy, a la concha de coral, buceando, hasta su acogedora cuna donde me enterraré y seré para siempre su perla.
Una ostra inmensa es el corazón. Y la concha, el colchón... Buenas noches, Rufo, que descanses. Vivir es una putada.

FIN.

Haydée Nora Gómez Hernando

Comentarios

  1. Es un escrito muy interesante, Haydée. Repleto de paradojas como la vida misma...
    Describes situaciones que me han encantado como la que cito a continuación con tu permiso: " Me he afeitado la barba.
    He quedado a las cinco con Gabriel y no me ha reconocido sin barba. Ni yo a él, porque él se la ha dejado crecer. "
    o esta otra por su ternura : "me he encontrado con un pobre por la calle que me ha contado su vida, y me ha dicho que no podía ni comer, y me he sentado a su lado. He pasado toda la tarde con él, y me he hecho más rico."
    Estas escenas podrían formar parte de un cortometraje, ¿te has planteado escribir guiones cinematográficos?... Creo que podrías dedicarte a eso profesionalmente, ¿Te gustaría? .
    Bueno ya me contarás cuando puedas. Hasta la próxima

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    1. Muchas gracias, querida Margarita del Valle. Hasta hoy, con este ajetreo del confinamiento no había visto hasta hoy mismo tu comentario. ¡Gracias por las acotaciones que me das, y los dos momentos que subrayalls del escrito, la verdad es que fue fruto de la inspiración del momento y todos los hechos son más o menos reales pero pasados por el tamiz de la imaginación. Me alegro de que te pareciera un buen guión cinematográfico, o que lo pudiera ser; y no, nunca me lo había planteado, pero adoro el cine español e iberoamericano. Muchas gracias y hasta la próxima.

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